A través de un moderno sistema de lavado de gases, la estatal logra mitigar la neblina ácida en el área de tambores acidificadores. La innovación permite proteger la salud de los operarios y asegurar la recuperación de cobre sin comprometer el estándar medioambiental.
En un avance clave hacia una minería más sostenible y segura, la División Gabriela Mistral de Codelco puso en marcha un avanzado sistema de lavado de gases en su área de tambores acidificadores. Esta nueva infraestructura busca neutralizar los gases nitrosos y subproductos derivados de la reacción entre mineral y ácido, transformándolos en aire limpio antes de ser expulsados a la atmósfera.
La iniciativa no solo responde a los compromisos de la Resolución de Calificación Ambiental (RCA), sino que ataca directamente un desafío histórico del sector: la exposición de los trabajadores a la neblina ácida. Según explicó Carlos Astudillo, jefe de Medio Ambiente y Territorio de la división, el sistema permite disminuir drásticamente la concentración de gases en el entorno laboral, impactando positivamente en la calidad de vida de quienes operan en el área seca.
Uno de los puntos más relevantes de este hito es cómo la tecnología de Codelco logra armonizar la protección ambiental con la eficiencia productiva. Anteriormente, para mantener niveles de aire aceptables, la división se veía obligada a reducir la dosificación de ácido en los procesos, lo que mermaba la recuperación del mineral.
Mauricio Rojas, ingeniero especialista en Apilamiento, analizó este cambio: “Con este sistema cuidamos a nuestro personal, pero productivamente también aseguramos el curado ácido requerido. Antes, bajábamos la adición de ácido para proteger a los trabajadores, pero afectábamos la recuperación de cobre. Hoy, eso ya no es un problema”.
La ingeniería detrás del proyecto, que tomó un año de construcción, consiste en un ciclo de depuración cerrado. Carolina Michea, ingeniera de Infraestructura y gestora del proyecto, detalló que los gases son captados directamente desde los tambores, atraviesan una red de tuberías hacia un decantador de polvo y luego entran a una cámara de lavado. Allí, bombas de recirculación inyectan agua para remover impurezas antes de que un extractor libere el gas ya depurado a la superficie.
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