La ventana que da al noroeste

Este es el primer fotolibro del diseñador gráfico y artista visual nacido y criado en el norte de Chile. Este registro es el primero que existe en su tipo en ese territorio patagónico y espera que su idea se replique en los otros sectores rurales que componen la comuna del norte del país.

Carlos Riveros se atrevió a plasmar en un libro denominado “Mirando al Noroeste” cómo viven sus vecinos en una comuna que está ubicada en el extremo sur del país. Allí, con su cámara captó la esencia de una comunidad que vive del campo y se sostiene con sus propias manos.

“Captar” el alma de sus vecinos, así como también sus costumbres y tradiciones campestres, fue uno de los principales objetivos que movió a Carlos Riveros a publicar su primer fotolibro denominado “Mirando a Noroeste”, una mirada sensible que retrata en blanco y negro los rostros y espacios habitados de aquellos amables habitantes que durante 6 años convivieron con él en una de las comunas más alejadas del sur de nuestro país. Se trata de Futaleufú, un pueblo cordillerano ubicado en la Región de Los Lagos, que se convirtió por un tiempo no sólo en su hogar, sino que además en una fuente inagotable de inspiración.

Este fotolibro, el primero que existe en dicho lugar, nació de una necesidad imperiosa de querer compartir con el resto del mundo cómo vivián día a día esos hombres y mujeres que lo acogieron como un vecino más, cuando Carlos llegó a instalarse como “monos y petacas” a un lugar tan desconocido como fascinante.

 Cuenta de hecho, que el nombre “Mirando al Noroeste” vendría siendo como un juego de palabras ya que el sector rural donde vive junto a su familia se llama justamente “Sector Noroeste” y para que la coincidencia sea irrefutable, su escritorio estaba ubicado justo al frente de una ventana que apunta hacia dicho punto cardinal. Con tantas “señales”, se abocó a observar a esa gente campesina y a veces esquiva, mirando atentamente la intimidad, cómo lo hacían por ejemplo para alimentar a sus animales, para regar sus cultivos, para ir a comprar alimentos o simplemente ver cómo se sentaban junto al fuego a tomar mate a conversar. Dice que esto le llegó de manera fortuita, ya que justo se había quedado sin trabajo estable y necesitaba urgente generar ingresos, y en ese pensar qué hacer para pagar las cuentas, comenzó a mirar por la ventana a ver si surgía alguna idea que lo salvara de esa situación apremiante. Fue así cómo se le ocurrió realizar un proyecto documental en donde mostraría la vida de sus vecinos, aquellos con los que co-habitaba ese lejano lugar; los iba a retratar, sumidos en sus tareas diarias que para ellos es su cotidianeidad, pero para Carlos una oportunidad de compartir con el resto la manera tan particular en la que conviven los habitantes de Futaleufú.

Comienza la aventura

Ya con la idea clara decidió postular al FONDART, fondo concursable que ya había ganado otras veces, eso sí de manera colectiva, nunca en solitario, y a pesar de que pensó que no lo lograría, su proyecto fue uno de los ganadores y el 2021 recibió los fondos necesarios para llevar a cabo su obra, un libro con fotografía documental o etnográfica como también se conoce a este tipo de trabajo. Relata que con esto quiso darse un “gustito” personal ya que hace rato que quería hacer retratos en blanco y negro. Esta obra dice ha sido una de sus mejores experiencias ya que le permitió entrar en la vida de personajes muy importantes de la comuna, como por ejemplo doña Sebastiana, una anciana que tenía más de 100 años, tantos años como la comuna, una de las mujeres más importantes de la zona, con un pasado fascinante, siendo testigo de la historia generación tras generación, conocida y reconocida tejedora con un importante legado. Ante historias así, cómo no dejar registro de ella en este libro, fue así como fue a su casa y logró captar su esencia sentada allí, en su poltrona favorita, junto al fuego y haciendo lo que más le gustaba, tejer. “Estersita” es otro ejemplo de lo interesantes que son sus vecinos. Un poco menor que doña Sebastiana, tiene otra historia humana singular; madre adoptiva de tres hijas, ha dedicado su vida a mantener ella sola su campo, se levanta con el alba y nunca ha dejado de realizar sus tareas diarias ni un solo día de su larga vida, y lo primero que hace es tomar mate. Uno de esos momentos fue precisamente el que Carlos captó con su lente y terminó siendo la imagen de la portada del fotolibro. Matear por esos lares es una costumbre de larga data, de preferencia para descansar junto al fuego o antes de realizar cualquier tarea, con un profundo sentido de convivencia. Y así, cientos de retratos más que van componiendo este fotolibro que busca dejar registro de cómo se vive en uno de los lugares más extremos del sur de Chile. La idea es que a través de este libro se muestre de qué manera la gente campesina, se auto sustenta, sin envidiar la vida citadina, al contrario disfrutando de la calma rural, a un tiempo singular, que se mide distinto. La selección de las fotos no fue tarea fácil, pero trató de retratar la esencia del lugar mediante personajes típicos, con labores típicas del campo pero que representan ciento por ciento ese estilo de vida.  Para que el trabajo fuese aún más profesional contrató con parte de los fondos a un curador de arte contemporáneo, Rodolfo Aundaur, quien le ayudó no sólo a seleccionar las fotos, sino también a darle un ritmo, equilibrio y coherencia conceptual al registro completo. “Yo quería contar la intimidad de ese grupo de vecinos, bueno hay de todo, hay vecinos que nacieron y se criaron ahí, hay otros como yo que hemos ido llegando con el tiempo y tenemos distintas y singulares maneras de asimilar el entorno, yo no soy campesino por lo tanto no sé de animales, pero hay vecinos que son autosustentables y me parece muy interesante esa cosa de la soberanía alimentaria, hay vecinos que prácticamente compran muy poco en un comercio, yo tengo que comprar casi todo pero ellos tienen, no sé, hortalizas, tienen animales, tienen huevos, gallinas, etcétera y es una manera de vivir bonita pero súper compleja, el tema climático feroz, los inviernos son de mucha nieve, mucho frío”.

El periplo del norte al sur

Carlos Riveros Grospelier nació el 6 de septiembre de 1971  en Chuquicamata, estudió sus primeros años en la Escuela Básica “D-54” ubicada en el campamento minero y cuando tenía que hacer cuarto básico se mudó a Calama; allí finalizó la Enseñanza Media en el Instituto Obispo Silva Lezaeta. De profesión Diseñador Gráfico desarrolló gran parte de su trabajo entre Calama y Antofagasta, sin embargo, cuenta que el bichito por conocer el sur venía desde que era pequeño, cuando junto a su padre veía programas culturales de los años ochenta, como “La Tierra en que vivimos”, “Tierra Adentro” o “Al sur del mundo”; todos mostraban cómo se vivía en los lugares más extremos de Chile y coincidentemente todo era en invierno. Las imágenes mostraban la lluvia incesante y las chimeneas prendidas, algo que jamás vio en el norte. Fue en ese momento en que se prometió así mismo viajar en cuanto pudiera y ojalá mudarse a alguna ciudad sureña. Su sueño se hizo realidad bastante décadas después y, luego de meditarlo junto a su familia, decidieron aventurarse y llegar a este pueblito llamado Futaleufú, ubicado en plena cordillera, cerca de donde comienza la Carretera Austral, así de extremo fue cumplir su anhelo.

Hoy, después de distintas circunstancias personales, retornó al norte y recuerda agradecido su estadía en aquella comuna de la distante Patagonia. Frente a la pregunta de si haría lo mismo, pero con personajes del norte, responde rápidamente que sí, que sería un honor pues también tiene un acervo y un vínculo entrañable con estas tierras. Es más, afirma que cuando uno tiene la posibilidad de viajar y conocer otros lugares, otras costumbres y otras personas es cuando más se valoran los orígenes. No se ven de la misma manera los árboles, los cerros, las casas, etc. El cielo, por ejemplo, aquí en el norte es costumbre verlo despejado, cosa que allá en sur es casi imposible, por ello recomienda viajar harto y ser uno mismo más un explorador con ojos abiertos a lo no evidente.

Este fotolibro es el primero que realiza bajo esta temática, pero ya había realizado otro trabajo patrimonial similar llamado “Paisaje Liminal” un proyecto artístico patrimonial en donde quiso reflejar el concepto de liminal, palabra que hace referencia a una zona de pasaje, una puerta de entrada, al origen de una zona de ambigüedad en la que algo deja de ser lo que era para potencialmente convertirse en otra. Con este concepto define su propia historia, ya que dice que nadie es completamente de un solo lugar, como él que no es ni del norte ni del sur, tampoco de Calama o Chuquicamata sino más bien pertenece un poco a todos los lugares donde ha estado.

Con “Mirando al Noroeste” espera que todos quienes lo vean puedan observar hacia ese punto cardinal retratado, como si hacerlo fuera también mirarse un poco así mismo. Esta es quizás una de las obras más importantes de su trayectoria y espera que más adelante otras comunas de esa provincia también repliquen la acción de fotografiar y registrar a sus habitantes, pues es la mejor manera de reconocer un lugar. “Hay cosas personales, esta cosa de ser mi primer fotolibro hecho a puro ñeque…sí, recibí ayuda, recibí un monto que da el Estado, pero haberme atrevido en un lugar que no conocía del todo bien, donde recién yo me estaba acomodando y además que como hito cultural es el primer registro formal de uno de los siete lugares rurales de la comuna…hay otros registros fotográficos, se han hecho colecciones de fotografías antiguas, pero no de un lugar o de un sector rural en específico…entonces para mí eso también es  importante, porque es el primero, hasta el momento sigue siendo el único, pero ojalá que dé pie para que otros sectores rurales también hagan su propio registro de memoria, para que lo que siempre escuchamos en un formato oral se transforme en imagen”.

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El Consejo Regional El Loa del Colegio de Periodistas de Chile fue fundado el 13 de febrero de 2001 en Calama, capital de la provincia El Loa.

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