Por Jorge Morales Guzmán, director general de Horux Latam
Mayo, el mes de la Seguridad Vial vuelve a enfrentarnos con una realidad que incomoda y obliga a actuar. En 2025, 1.505 personas murieron en accidentes de tránsito en Chile, un 5% más que en 2024, cuando se registraron 1.439 víctimas fatales. Este número representa vidas interrumpidas y miles de familias afectadas por hechos que, en muchos casos, pudieron evitarse.
Estamos en un punto de inflexión que exige decisiones, cambios concretos y una urgencia compartida para dejar de llegar tarde. Las señales, de hecho, han sido claras en los últimos meses. A comienzos de 2026, un grave accidente en la comuna de Renca, que involucró un camión que transportaba gas licuado, dejó 15 víctimas fatales y evidenció los riesgos del traslado de carga peligrosa en zonas urbanas.
A inicios del año 2025, en la Ruta 5 Norte, sector Las Tacas, el volcamiento de un bus interurbano derivó en una colisión posterior, mostrando cómo la falta de alertas tempranas puede escalar un incidente en una tragedia mayor. En la misma Ruta 5 Norte, a la altura de Pozo Almonte, un accidente donde se investiga la somnolencia del conductor como posible causa, volvió a poner en evidencia uno de los factores de riesgo más subestimados: la fatiga. A 90 km/h, dos segundos de microsueño equivalen a recorrer decenas de metros sin control.
Frente a este escenario, avanzar hacia la anticipación ya no es opcional. En ese contexto, iniciativas como el proyecto de ley -actualmente en tramitación legislativa- que busca modificar la Ley de Tránsito N° 18.290, incorporando la obligatoriedad de sistemas de detección de fatiga y somnolencia en conductores de transporte de carga y pasajeros, junto con mecanismos de fiscalización de estos registros, buscan prevenir el riesgo.
Hoy, esa anticipación es una posibilidad concreta: la tecnología ya permite detectar señales tempranas de fatiga y somnolencia antes de que se transformen en un accidente. Por eso, el verdadero desafío está en combinar regulación con la implementación efectiva y masiva de estas herramientas.
Pero para que esto funcione, no basta con la tecnología. También se requiere un entorno que la impulse. La seguridad no puede ser vista solamente como un costo, por parte de las empresas, sino como una condición mínima de operación.
Otro punto sensible que despiertan las tecnologías es el uso de información personal de los conductores que en ciertas circunstancias puede generar miradas contrapuestas. Tenemos la firme convicción como empresa tecnológica de seguridad vial que los criterios de seguridad y protección de los datos personales deben actuar en equilibrio . Seguridad y privacidad no son opuestas; son complementarias. La innovación solo genera impacto cuando es confiable, y eso implica resguardar los derechos de las personas en cada solución implementada.
Que este Mes de la Seguridad Vial sea un impulso para que como país avancemos en todas las dimensiones para evitar accidentes tan dolorosos como los sufridos. Decidamos anticipar, en lugar de reaccionar, prevenir, en lugar de lamentar. El objetivo de “cero víctimas” no puede seguir siendo una aspiración lejana, sino un compromiso real. Porque la diferencia entre llegar o no a casa muchas veces ocurre en segundos. Frente a esto, aún queda la duda de ¿por qué seguimos llegando tarde?
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